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Inteligencia Artificial, Datos y Privacidad

29 Jul 2019 - Categoría: Tecnología
a.i.

El uso de la Inteligencia Artificial es cada vez más común en nuestras vidas: los altavoces inteligentes, el coche conectado, asistentes virtuales, aplicaciones en nuestros móviles… Pero muchas personas se oponen por los riesgos que puede entrañar para nuestra privacidad. Es muy práctico que nuestra nevera nos avise de que tenemos que comprar leche, pero… ¿a quién más avisa de nuestra necesidad?

Durante los últimos días, gracias a la popularidad de la aplicación FaceApp, muchas personas han puesto el grito en el cielo sobre los abusos que se esconden en los Términos de Uso que solemos aceptar a la ligera. Pero… ¿están justificados estos temores?

Qué es la Inteligencia Artificial
Normalmente se conoce como inteligencia artificial como aquel conocimiento que adquieren los diferentes dispositivos tecnológicos de sus usuarios. Un ejemplo concreto son los algoritmos de YouTube que nos sugieren contenido nuevo en función de los vídeos que hemos visto previamente. 
La inteligencia artificial está dentro del propio origen de la informática, pero no ha sido hasta una época muy reciente donde ha explotado, sobre todo, para su uso comercial. Cuando Deep Blue consiguió derrotar al ajedrecista Kaspárov, muchos creyeron que la distopía de los robots había llegado. Sin embargo, muchos años después todavía estamos viendo cuál es el impacto real en nuestras vidas de la inteligencia artificial.

Los datos, la nueva mina de oro
Pero para que las máquinas puedan aprender se necesita una cosa muy importante: información. Si no les facilitamos las interacciones necesarias, lo que en el mundo tecnológico se conoce como machine learning (aprendizaje de la máquina), nuestro dispositivo no sabrá responder a nuestras necesidades y anticipar nuestras carencias.
Por tanto, los datos de los usuarios juegan un papel muy importante. Estamos acostumbrados hoy en día a compartir consciente (pocas veces) o inconscientemente (la mayoría) una gran cantidad de información a cambio de usar una red social o una aplicación en nuestro dispositivo móvil. De hecho, José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica, recientemente reconocía que esta información tiene tanto valor que los usuarios podrán cobrar a las empresas tecnológicas a cambio de facilitar sus datos

Seguridad de los datos, compartir los datos con terceros y localización de los servidores con nuestra información
Puesto que esta información puede ser bastante personal y sensible conviene que juzguemos una serie de elementos antes de descargarnos una aplicación en nuestro móvil.
Una de las cosas que más debemos tener en cuenta para aceptar el uso de nuestros datos es saber cómo van a estar protegidos. Por ejemplo, la aplicación de Small World cumple con los exigentes requisitos de seguridad (PSD2) exigidos a las compañías que realizan pagos online. Los usuarios que se descargan la aplicación saben que cuentan con las mayores garantías posibles para evitar la fuga de información personal. 
En algunos casos los peligros no proceden de ataques maliciosos si no de áreas difusas sobre quién tendrá acceso a nuestros datos. Es decir, si la empresa compartirá nuestra información con terceros para que luego nos contacten con fines comerciales.
El hecho de que se comparta algún tipo de información no es malo en sí. De hecho, es bastante normal que una empresa necesite compartir con terceros información de sus clientes para poder realizar un servicio. Lo que empieza a ser un poco más alarmante es cuando se comparte información que no es relevante para nuestra transacción o que se hace con una empresa que no tiene nada que ver con el servicio que se realiza. Y más si no está claro por qué se comparte ni para que fin. 
Otro indicativo que podemos usar para juzgar si una aplicación es segura o no es saber la localización de sus servidores. Por ejemplo, si una app almacena su información en un país de la Unión Europea estará sujeto a una legislación más estricta que si lo hace en Rusia.

La clave está en la monetización
Pese a todo la pregunta más importante que nos tenemos que hacer antes de bajarnos una app es sobre su monetización. Es decir: de dónde saca esa compañía el dinero para pagar su aplicación y las personas que trabajan en ella.
Si nos encontramos con que la aplicación es de pago (tanto la app en sí como solo una versión premium) entonces está claro el modelo de negocio. Los usuarios, a través de su compra, son los que pagan su producción.
Si la aplicación es gratuita puede que su monetización sea a través de publicidad. Es decir, que los anuncios que aparezcan mientras usas la app sean con los que los usuarios puedan generar dinero. Esta publicidad puede estar segmentada en función de nuestra información personal, como pasa en el caso de Facebook o Instagram. Eso no quiere decir que los anunciantes nos conozcan, son las plataformas intermedias las que consiguen hacer la conexión entre anunciante y cliente potencial a través de información tipo.
En algunos casos las empresas lanzan una app sin coste para facilitar a sus usuarios que puedan comprar sus productos o acceder a un servicio concreto. En este caso también estaría claro el modelo económico detrás de la aplicación: ofrecer un nuevo canal de venta un cliente.
Finalmente, si nos encontramos una aplicación que no tiene un modelo de monetización claro, que es gratuita, no cuenta con anuncios y que no ofrece al usuario ningún servicio o producto… ¡cuidado! Puede que aquí el producto seamos nosotros mismos a través de nuestros datos. 

Un ejemplo claro de potencial y peligro: la salud
Está claro que no toda nuestra información tiene la misma importancia. Pongamos por caso una aplicación destinada a analizar nuestro estado físico. Muchas personas usan su teléfono móvil u otros dispositivos tecnológicos para analizar su salud y saber si están en forma. Hasta aquí ningún problema.
Esta aplicación irá guardando una serie de información variada: desde qué comemos hasta cuántos hemos andado, pasando por nuestra evolución del peso y los latidos de nuestro corazón. En base de nuestra actividad la app puede que nos ofrezca tablas de ejercicios personalizadas o nos lance alertas de sedentarismo. Incluso podría ofrecernos productos como zapatillas deportivas pasado un tiempo porque la máquina haya analizado que, en base a nuestra actividad, las nuestras ya estarán desgastadas por el uso.
Pero toda esa información puede contribuir a crear perfiles nuestros personalizados cuya información, si no está guardada de forma convincente puede acabar siendo un problema. Un banco podría potencialmente aceptar o denegarnos una hipoteca en función de nuestro perfil. O una aseguradora podría revisar la prima de nuestro seguro de vida al alta.
Lo que está claro es que la Inteligencia Artificial ha venido ya para quedarse y que está revolucionando todos los sectores. Como usuarios debemos conseguir aprovechar al máximo las oportunidades que nos ofrece, pero siempre de una forma responsable y sabiendo qué hacemos cuando aceptamos las políticas de privacidad de una aplicación, independiente de si tal famoso la ha usado o no.

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